Miguel Óscar Menassa es poeta, pintor, médico, psicoanalista, director de la Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero y también editor de tres revistas gratuitas: Extensión Universitaria, Las 2001 noches, y en Internet Indio gris. Actualmente es además director de cine y acaba de estrenar ¿Infidelidad?, su primer largometraje, en el que participa también como guionista y actor. La película se ha estrenado en Argentina con una buena acogida del público y ha sido seleccionada entre las finalistas para el festival CineSul de Brasil. Todo parece indicar que llegará a Madrid en noviembre. En agosto comienza a rodar su segundo largometraje.
¿Cómo y cuándo surgió la idea de empezar a hacer cine?
Lo del cine se me ocurrió tarde. Yo era un bebedor de cine, un fanático, pero todo empezó por casualidad. A uno de los participantes de un taller de pintura se le ocurrió grabarnos mientras pintábamos. Nos dimos cuenta de que los cuadros quedaban preciosos, de que el recorrido del cuadro era de una belleza distinta al cuadro. Empezamos a hacer videoarte y de ahí surgió. Hacíamos poesía recitada en off con los cuadros y después le poníamos música. Más tarde, del libro “la mujer y yo” surgió la idea de los cortos. Hicimos cuatro o cinco cortos sin sonido, para probar y el resultado fue bárbaro: los poemas se podían guionar. Nos lanzamos con dos cortos más: “Carta al Presidente”, que obtuvo el premio del público, y después decidimos hacer “La familia española”, un corto con Antonia San Juan que ha recibido un premio en California, participó en el Festival Europeo de Cine independiente, y ha batido el récord de público en su estreno en el Cine Verdi.
Esta nueva faceta en el mundo del cine, ¿cómo está resultando frente a sus otras facetas creativas?
Tengo que confesar que el cine es mi actividad más fácil. Me costó mucho más la poesía, la carrera de psicoanalista o de pintor. Dije: “ voy a hacer cine” y empecé a hacer cine. Con la poesía, yo recuerdo que le mostré dos cuadernos a Raúl González Tuñón y el viejo los miró y me preguntó: “¿Usted para quién quiere escribir?”, y yo respondí: “para el pueblo”. “Bueno —respondió—, pues entonces, tiene que aprender a puntuar; tire todo eso…” Pero con el cine nadie me dijo eso. Dicen que soy valiente, que estoy haciendo una cosa nueva. A nadie le dicen piropos la primera vez.
Como guionista, director y actor, ¿no entra en conflicto consigo mismo en alguna ocasión?
Me enfrento al mismo problema que todos los directores. A veces digo: “este guionista boludo quiere que salga ésta desnuda y ya salió hace cinco minutos”. Le llamo boludo muchas veces. Lo que pasa es que “el tipo” escribe bien y es fácil corregirle o resumirle las frases.
¿Infidelidad? no es un largometraje comercial. ¿No le parece una apuesta muy arriesgada?
Yo tengo ganas de expresar mis ideas, no de triunfar en el cine. Pero me doy cuenta de que este camino no es un camino que abro yo, como me pasó con otras cosas en mi vida. Es un camino que está abierto y yo quiero recorrer ese camino; no quiero inventar nada. Siempre y cuando me dejen expresar mis ideas.
¿Y cuáles son esas ideas?
Antimorales, porque la moral, al menos aquí y en Argentina donde yo tengo más acceso, es una moral victoriana. A pesar de tanto destape y tanta hierba, tanta homosexualidad y tanta droga, son muy moralistas. Todo son amores únicos. Y lo que planteo es que se puede vivir mejor si uno puede amar a más personas; puede desear a más personas que a una. Es un planteamiento teórico, pero que llevado a la realidad toca las almas porque quién no fue infiel o cornudo alguna vez.
En sus libros y películas el deseo sexual es un tema recurrente, ¿opina como Freud que el deseo es lo que nos mueve?
No hay ciencia sin deseo sexual, no hay literatura sin deseo sexual. Por eso digo que se debe amar a más de una persona. Si quieres una sola persona, quédate con tu madre. Es imposible estar con una sola persona. Si la amas no la debes desear. Ya hace 100 años había médicos que aconsejaban a las parejas ir a las fiestas a flirtear. La pluralidad del sentido acrecienta el deseo sexual y el deseo creativo. Crear, lo tengo que hacer con sexualidad. Teniendo pulsión sexual tengo todo lo demás.
¿Cree que podrá competir con el omnipotente cine americano?
Por mucho que se pretenda apoyar al cine español, no puede competir con grandes empresas que tienen comprada a la prensa. Es muy difícil entrar. El problema del público no es con el cine español, es con todo el cine europeo. Pero el capitalismo siempre tiene eslabones débiles por donde se filtran la creación y la creatividad. Si no fuera así, no existirían los artistas.
¿Para cuando el estreno de ¿Infidelidad? en España?
Yo creo que vamos a estrenar en noviembre, pero España, como todos los países, es rara en el sentido de que espera primero que te reconozcan en el exterior, a que ganes dos o tres premios, y entonces te pasan la película. Si no, hay 146 cines independientes en España y la pienso dar en todos.
¿El psicoanálisis está presente en la película?
En apariencia. En realidad produce mis obras. Algunas reflexiones pueden ser psicoanalíticas, pero también pueden ser las de un hombre maduro. Y yo no soy para nada neurótico obsesivo, aunque todos los directores de cine lo son.
¿Cuáles han sido los mayores obstáculos en la producción del largometraje?
Ahí es donde vale el psicoanálisis. Con él resolví todos los conflictos que tuve. Eran conflictos de jerarquía, pero conversando se arregla todo, porque es el conocimiento el que te da la jerarquía; ni los gritos ni el despotismo. Si me dices cuales fueron los inconvenientes de la poesía, te los cuento todos; del psicoanálisis, igual, cuando yo llegué a España se escribía mal la palabra. “Psicoanálisis” no estaba en el diccionario. La gente del cine es rara, no adoran exactamente lo que les hace el bien, pero sabiéndolo…
¿El trabajo para el segundo largometraje es muy diferente al del primero?
Ahora vamos a gastar menos y vamos a producir tres veces más. Tenemos experiencia y más ayuda. En el primer largometraje cometí todos los errores que no deben cometerse, pero aprendí mucho. El guión del primero salió de una novela. Para el segundo, después de darme la cabeza contra la pared y romper muchas de mis escrituras, decidí escribir directamente un guión. Para ¿Infidelidad? usamos una cámara muy chiquitita y muy barata que no vamos a usar más. Ahora vamos a alquilar una Sony 900, con la que se han rodado películas como Superman o alguna de la Guerra de las Galaxias. En cuanto al tono, es muy similar a ¿Infidelidad?, pero en esta damos un paso más. Voy a mejorar la fotografía, la producción, las localizaciones. En cuanto a los actores, salen todos de nuestro grupo de arte dramático. En ésta, me alejé de producción para poder criticarlos. Ahora no tengo nada que ver con producción y hago lo que hay que hacer: pedirle lo que necesito.
¿Con todas las actividades que desempeña, cómo se definiría?
Yo me defino como psicoanalizado. Psicoanalista es un trabajo, pero psicoanalizado es una posición en el mundo.
¿De dónde saca el tiempo para todas las actividades?
El tiempo lo produces tú. El tiempo se hace. Ahora yo digo: “en este momento no podría tener una amante”, pero es mentira. Si aparece la amante, aparece el tiempo. Lo mismo pasa con el arte.